Órbita

Cómo trabajamos · 5 de junio de 2026

Del potencial a las llaves.

Hay un tipo de piso que se queda atascado, y casi nunca es por el precio. Va por dentro, sin la versión de folleto, lo que hacemos con él.

Equipo Órbita · 6 min lectura

Órbita · del potencial a las llaves

Hay un tipo de piso que se queda atascado. No el que está caro, ni el que está en una zona imposible. El que necesita obra: cocina de los ochenta, gotelé en el salón, un baño que impone un poco. El comprador abre la galería de Idealista, ve eso y pasa de largo. No porque el barrio le disguste, sino porque no se ve viviendo ahí y, sobre todo, porque no tiene ni idea de cuánto costaría arreglarlo ni quién se lo haría.

Ese piso puede bajar de precio dos o tres veces. Da igual. Le estás pidiendo al comprador que haga dos trabajos duros él solo: imaginarse la casa terminada y montarse la reforma por su cuenta. Casi nadie quiere ese marrón, y menos para meterse en una hipoteca.

Lo que hacemos, en cristiano

Cogemos ese piso y lo enseñamos por lo que puede llegar a ser. Preparamos un tour donde se ve cómo podría quedar reformado, un plano y un presupuesto orientativo de la obra. No es un render de catálogo de otra casa cualquiera: es el mismo piso, las mismas medidas, pero terminado. El comprador deja de adivinar.

Y cuando alguien se interesa, no lo soltamos en mitad del río. Lo sentamos con el reformista, que ve el piso de verdad y cierra un precio. Como el expediente ya está montado, compra y obra se pueden financiar en la misma operación. Luego la red ejecuta la reforma: una persona al teléfono, un precio, pagos por hitos. El día de las llaves no hay sustos, porque esa casa ya la había visto antes de comprar.

Por qué hace falta alguien en medio

En una venta con reforma hay muchas manos metidas: la inmobiliaria, el arquitecto, el banco, el reformista, el comprador. Cada uno hace lo suyo bien. Lo que no hace nadie es hablar con el de al lado, así que el que acaba haciendo de pegamento es el comprador, que ni tiene tiempo ni ganas.

Ese pegamento somos nosotros. No vendemos el piso, eso es de la inmobiliaria; no damos la hipoteca, eso es del banco. Lo que hacemos es poner a girar todas las piezas alrededor del mismo caso para que nadie tenga que ir detrás de nadie. Dicho así suena fácil. No lo es, y por eso no lo hace casi nadie.

Empezar no cuesta nada

¿Tienes un piso de esos?

Cuéntanoslo y te decimos sin rodeos si podemos moverlo y cómo lo enseñaríamos. Sin compromiso.

Ver el proceso →

Cobramos cuando sale bien

No pedimos nada por adelantado. Si el piso no se vende y no se reforma, no cobramos. Es un trato incómodo para nosotros y tranquilo para ti, y lo preferimos así: nos obliga a coger solo los casos que de verdad podemos mover, y a no vender humo.

Si tienes uno de esos pisos

Si llevas meses con uno que te mira mal cada vez que abres Idealista, escríbenos. Te decimos con franqueza si podemos hacer algo con él. A veces la respuesta es que no, y también te la damos. Cuando es que sí, te enseñamos en qué fase entraría y cómo lo contaríamos.

Sigue leyendo

Próximo paso

Cuéntanos el piso
y lo ponemos en órbita.

Te decimos en qué fase entraría y cómo lo reformaríamos. Sin coste para empezar.

Cómo funciona →